
Tras el arrollador éxito del último concurso (que os follen, guapas), he decidido proponer uno nuevo, con una característica en común con el anterior: la dudosa procedencia del premio y la necesidad que siento de deshacerme de él.
No diréis que la ranita no es una monada, ¿verdad? La adquirí en Salamanca este verano, y su teórico destinatario poco menos que al besarlo se convirtió en sapo (al menos en lo que a comportamiento se refiere). Claro que no creo que en ningún momento haya llegado a ser nada parecido a un príncipe azul... Por no tener, su piel ni siquiera tenía efectos alucinógenos (ni antes ni después de la transformación, quiero decir). Al menos, eso creo, tampoco tuve mucha oportunidad de comprobarlo (quedándome tan destrozada y frustrada por ello que desde entonces padezco insomnio diurno).
Al grano. Lo que os propongo es que narréis alguna anécdota sobre historias frustradas. Las de amor, por supuesto, son las que más podrían adaptarse al caso, pero no tienen por qué ser sólo de esa naturaleza. Historias en las que el/la susodicho/a enviara señales confusas, o bien resultara ser algo (y con ello quiero decir que pasara de ser "alguien" a ser "algo") diametralmente opuesto a lo que en su momento interpretasteis (como pasar de ser un chico extraño pero encantador a ser un arrastrado analfabeto casi no sé si poco menos que enfermo sexual, o como pasar de ser el cubano más encantador de la faz de la tierra a estar poco menos que a la altura de Dinio en lo que a engaños y mentiras se refiere, things like those...).
El concurso durará hasta el día 22 de diciembre (inclusive). Espero vuestras anécdotas con ansia y anhelo, dears.