
Gracias a mi querido y contrastadamente guapo (sé que es agradable que a un@ le digan esas cosas) amigo Alfonso, he tenido ocasión de ver, por fin, y con aproximadamente diez años de retraso, la serie de animación Æon Flux, precursora de la película que recientemente ha protagonizado Charlize Theron.
Debo decir que estoy atónita. Ni en mis más psicodélicas fantasías hubiera imaginado que esta serie fuera como es: dura, extraña, implícitamente explícita y... adictiva.
El sexo y la violencia son una constante en ella. Pero no hay imágenes explícitas al respecto. No podrás ver ningún desnudo estadounidensemente incorrecto (léase, algún pezón y cosas así) o más sangre de la justa y necesaria. Al menos en los pocos capítulos que he podido ver por el momento. Pero tal vez sea eso lo que la hace más impactante, ese pequeño pero bien aprovechado márgen para la imaginación.
Eso, por no hablar de la agresividad que llega a expresar a veces el estilo de los dibujos, en un curioso término medio entre desagradable y seductor.
Lo que está claro es que la película es una adaptación bastante libre de la serie. Lo suficientemente libre como para que no sea tan sencillo entrar en valoraciones sobre qué versión es mejor o peor. Personalmente, me quedo con las dos.
Si tenéis la oportunidad de ver la serie, no la desaprovechéis. Lo que es seguro es que no os dejará indiferentes.