
Estoy extasiada.
Definitivamente, creo que puedo decir que sé qué droga es la que menos efectos produce: viajar. El bolsillo sufre, sí, pero ¿con qué droga no lo hace?
Hace aproximadamente 40 horas que he regresado de un viaje de una semana a Berlin, organizado por el Departamento de Alemán de la Escuela Oficial de Idiomas de Lugo. Y a pesar de todos los avatares y pésimas expectativas que pesaban sobre dicho viaje, debo decir que ha resultado fantástico.
Sorprendente la fantástica ordenación urbanística de la ciudad: no he visto un solo atasco ninguno de los dias que he estado allí, y he pasado la mayor parte del tiempo en el centro de la ciudad, y metros subterráneo y exterior, tranvía y bus urbano se conjugan a la perfección para hacer increíblemente fácil llegar a todas partes. Por no hablar de la posibilidad de moverse en bicicleta, por supuesto, no tan extendida dicha costumbre como en Ámsterdam, pero sin duda mucho más que en Lugo...
He disfrutado sobremanera con algunos de los monumentos y museos visitados. Concretamente, me quedo con el busto de Nefertiti (es increíble el magnetismo que genera) y con la Puerta de Ishtar -Babilonia- (genera una mezcla de atracción y respeto, casi miedo, increíble). Sin duda, tiene muchísimo que ver la ciudad en este sentido.
En cambio, mi visita en lo que atañe a conocer la ciudad en sí ha estado un poco limitada. Sólo he ido un día a conocer la vida nocturna berlinesa, y a causa de las ideas de bombero de un camarero guaperas terminamos en una especie de concentrado de Marina Española (para aquellos que no sean de lugo, la calle Marina Española concentra una de las zonas de marcha menos populares de la ciudad; no es que tenga nada de malo, pero la gente que la frecuenta no acaba de ser de mi agrado... Con todos mis respetos a las gentes de los pueblos que rodean Lugo, por supuesto), o dicho de otro modo, lo que más me gusto del local con diferencia fue la stripper (sí, LA stripper, chica, sexo femenino; muy profesional, desde luego, precisamente por eso me pareció tan fantástica, pero vamos... Supongo que os haréis una idea).
En fin, dejaré esta faceta de la ciudad para cuando vayamos Baldy & me...
De todos modos, la mejor parte del viaje ha sido sin duda la personal. He conocido a gente sencillamente maravillosa durante esta semana, y puedo decir además que ahora entiendo hasta cierto punto la intensidad de emociones que se genera dentro de Gran Hermano. El pasar tanto tiempo con gente a la que antes conocías poco o nada genera sensaciones difíciles de expresar con palabras. Se establecen vínculos con bastante rapidez. Y debo decir que el fin del viaje ha resultado en cierto modo traumático por el cese de contacto repentino. ¡Pero para algo están las clases, no todo va a ser aprender! Porque aprender, aprender, lo que se dice aprender...
Aunque faltaría a la verdad si dijera que todo en el viaje fue perfecto... Tres cosas lo enturviaron un poco: tres zorras concretamente (curioso...).
La menos relevante, la pazguata del Burger King, máximo exponente de la sequedad berlinesa con la que tuve que lidiar en más ocasiones de las que me hubiera gustado.
La intermedia en relevancia, precisamente Ishtar, la diosa babilónica del clima. Vaya fresquito en Berlin...
Y la peor, una vieja conocida, gracias a la cual estoy llegando a desarrollar niveles de paciencia que conseguirán que cuando muera Jesús se arrime un poco para hacerme sitio...
Aún con todo, creo que definitivamente me voy a aficionar a viajar...