
Qué injusta es la vida... Es triste ver cómo, cada día mas, el ser criado en un hogar normal, con el amor de tu entorno familiar como telón de fondo constante, se está convirtiendo en un privilegio.
Hace unos días, saltaba a la televisión la noticia sobre una niña maltratada que había sido enviada al hospital en estado grave por una paliza teóricamente dada no sé si por su padre, por su madre o por su padrastro. Pero lo peor de todo es que la denuncia puesta por malos tratos llevaba puesta ya hacía un tiempo...
Qué fantástica la naturaleza humana la de estos auténticos monstruos capaces de agredir a un ser indefenso, y qué maravillosa la efectividad de las instituciones correspondientes para evitar males mayores...
El caso es que esta historia me ha hecho pensar. Y es que ninguna de las posibles soluciones que se me ocurren es, en el mejor de los casos, del todo satisfactoria.
Si se intenta perseguir de forma absoluta este tipo de aberraciones, siempre se incurrirá en injusticias, en las que se acusará a padres erróneamente de haber maltratado a sus hijos (si un niño tiene 3 accidentes en 2 meses, por ejemplo, ya saltan las alarmas en más de un caso), generando una situación nada aconsejable para los pequeños, y horriblemente desesperante para sus progenitores.
Si no se persigue, pues es evidente cuál es el problema...
¿Qué opción nos queda? ¿Ser espiados las 24 horas por cámaras de seguridad? No creo en cualquier caso que estemos tan lejos de una medida semejante, típica de cualquier película futurista postapocalíptica... Y si no, al tiempo. Después de todo, ya ha abierto sus puertas el primer bar de oxígeno, un local muy típico/tópico largometrajes de este tipo...