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Spitting against the wind![]() Cuando era tan sólo una chiquilla (lo cual fue prácticamente ayer, teniendo en cuenta que aún soy jovencísima, mi aspecto es lozanía en esencia y la piel del dorso de mis manos vuelve a su sitio al pellizcarla como una goma elástica) recuerdo que las fiestas navideñas se vivían con cierto espíritu entrañable. Tal vez mi visión del mundo era distinta, más cándida e ingenua, por el hecho de ser una niña, pero el caso es que ahora parece que hay menos ilusión por las cosas (por estas fiestas en particular y por todo en general). Cada día son más personas las que reniegan de la Navidad. Pero no se han parado a pensar en lo que yo llamo... ¡¡¡LAS CONTRAVENTAJAS!!! Para empezar, qué menos que recordar que se supone que estamos festejando el nacimiento de Jesús... Lo sé, qué horror, una fiesta religiosa... Qué horror para una agnóstica consumada como yo, quiero decir. No quiero herir susceptibilidades hipertróficamente sensibles con ese comentario. Pero resulta reconfortante ver, cómo de año en año, estas fiestas se corrompen y se van convirtiendo en algo que se aleja cada vez más del ideal de lo que se supone que representan para acercarse más a la plasmación práctica de dicho ideal: de la bondad, la pureza y el virtuosismo pasamos al consumismo, los excesos y el egoísmo. Muy en la línea de la Iglesia, que actúa por lo general de forma significativamente distinta a cómo dice que se debe. Por otra parte, el hecho de que estas fiestas estén absurdamente teñidas de este fantástico tinte pseudoreligioso-festivo hace que las vacaciones duren más. Si no fuera así, probablemente sólo celebraríamos el final de año. Dudo que se le diera tanta importancia al equinoccio de invierno (aunque desde aquí reivindico la idea de festejar todos los equinoccios y solsticios - serían unas celebraciones de un misticismo tan encantador y chic...), y el día de Reyes no existiría... De dos semanas (en el caso de algunos afortunados, quiero decir) de vacaciones pasaríamos a sólo un día festivo. Un puente, si éste queda bien situado en la semana. Y cómo olvidarnos del consumismo desaforado... Aparte de constituir una inyección de vital importancia para diversos sectores comerciales (juguetes, ropa, alimentación y, a posteriori, gimnasios y dietética), en estas fechas es cuando nos surtimos de todo tipo de elementos absurdos y absolutamente prescindibles para nuestra vida diaria. Si existieran realmente los pollos-de-goma-con-polea-enmedio (aquellos que sepan de qué hablo apreciarán el chiste; aquellos que no... qué poca cultura freak), estoy totalmente convencida de que a todos, en alguna Navidad, nos lo habrían regalado. Y todo ello por no hablar de la ilusión de la Navidad. Aquel que diga que se ha perdido toda la ilusión es que no se ha parado a hacer un análisis mínimamente profundo... Teniendo en cuenta la increíble afición que hay en este país a la lotería, estoy totalmente convencida de que la mayoría de los españoles comienzan la Navidad con una gran ilusión... porque les toque el gordo. Dicho de un modo tal vez más apropiado, comienzan la navidad como ilusos... Pero lo importante es tener espíritu... (whichever the kind). Resumiendo, la Navidad sirve de parodia social de aquellos que se supone que más intensamente la viven, nos ayuda a tener más vacaciones, nos surte de inútiles artefactos y nos hace un poco más felices (borregos, pero felices). Si es que quien no vive el espíritu navideño es porque no quiere... Comentarios » Ir a formulario
En realidad, Kassy, no tendríamos casi ninguna fiesta si quitáramos el motivo religioso. Lo cual, dicho sea de paso, me la trae floja. En primer lugar porque se podrían recuperar, para el goce de los perezosos, ciertas fiestas del pasado... aunque yo soy partidario de recuperarlas y celebrarlas (yo lo hago) pero sin que sea fiesta nacional, que cada cual escoja. Porque esa es otra: un país aconfesional celebrando fiestas católicas con asiduo afán. Apesta.
Pero en cualquier caso, quizá habría que inventar una nueva forma de recuperar el espíritu navideño... y últimamente estoy de un pirómano que asusto: quemamos un par de iglesias, por aquello de que el único templo que ilumina es el que arde y de paso, con sus llamas, calentamos las manos de cientos de sin techo que piden a sus puertas. Muchos cambiarían días de limosna por una hoguera santa en la que purificarse y calentarse, sobre todo eso, calentarse. Fecha: 28/12/2006 21:29.
Lo que no soporto, y este año mucho menos es la puñetera cantidad de papa Noel que hay colgados en las ventanas y chimeneas d etoda Galicia .... en Sarria da vergüenza ajena.
Quemémoslos YAAAAAAA Fecha: 28/12/2006 21:40. |
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